Antes de que existiera Pinamar, aquel territorio estaba dominado por médanos móviles, arena y una extensa franja costera sin urbanizar. Allí confluyeron Jorge Bunge, arquitecto e ingeniero formado en Europa, y Valeria Guerrero Cárdenas, heredera de tierras del antiguo Tuyú.
Valeria pertenecía a una familia propietaria de extensas superficies costeras. Era heredera de la estancia Montes Grandes y sobrina de Felicitas Guerrero. Sus tierras alcanzaban sectores donde predominaban los médanos. Bunge, nacido en 1893, había desarrollado parte de su formación en Alemania y estaba vinculado a los primeros estudios de urbanismo en Argentina.
Hacia fines de la década de 1930, ambos encontraron un punto de encuentro: transformar aquel territorio de arena en un balneario. La iniciativa comenzó a tomar forma en 1938. No se trataba solamente de subdividir tierras. Bunge proponía una urbanización que aprovechara las condiciones naturales del lugar.
Una sociedad para transformar la costa
El proyecto necesitaba resolver primero el principal obstáculo: los médanos móviles. La fijación de la arena fue una etapa decisiva. Se utilizó espartillo para formar praderas y estabilizar el suelo, mientras barreras de ramas, conocidas como “hinchados”, ayudaron a contener el desplazamiento.
El ganado también permitió compactar determinados sectores. Después llegó la forestación. Se creó un vivero para producir árboles destinados al futuro bosque y los pinos adquirieron un papel central. Según información histórica difundida por Pinamar S.A., desde 1943 se plantaron más de seis millones de árboles.
La idea empresarial tomó forma concreta en 1942, con la constitución de la Sociedad Anónima Pinamar. Los relatos históricos señalan a Bunge y Valeria Guerrero Cárdenas de Russo como sus principales fundadores. Bunge habría participado con el 60 % y Valeria con el 40 %, aportando esta última las tierras.
Del proyecto al primer balneario
La sociedad permitió avanzar sobre una transformación que combinó capital, territorio, forestación y planificación urbana. La denominación de la empresa terminó identificándose con el nuevo balneario, en una referencia a los pinos y al mar.
El 14 de febrero de 1943 se produjo la inauguración oficial. Ese mismo año abrió el Hotel Playas, uno de los primeros puntos de referencia turísticos. Un año después, en 1944, se aprobó el Plan Director elaborado por Bunge.
El diseño rechazó la cuadrícula tradicional. Las calles acompañaron las formas del terreno y combinaron curvas, diagonales y recorridos sinuosos. La propuesta también buscó baja densidad, espacios verdes y una relación directa entre el bosque y el tejido urbano.
Una sociedad que sobrevivió a su fundador
El crecimiento continuó durante las décadas siguientes. El servicio de ómnibus “Al Mar”, inaugurado en el verano de 1947-1948, facilitó el acceso desde Buenos Aires. También llegaron familias e inmigrantes que comenzaron a establecerse de manera más permanente.
La relación entre la familia Bunge y la empresa continuó después de la muerte de Jorge Bunge, ocurrida el 13 de agosto de 1961. Su hija, Cecilia Bunge de Shaw, tuvo posteriormente un papel importante en la continuidad de la sociedad y en las discusiones sobre el crecimiento edilicio.
Durante los años setenta aparecieron debates sobre alturas y densidad, mientras la expansión inmobiliaria tensionaba el modelo original. En 1978, la Ley Provincial 9024 creó el Municipio de Pinamar, separado administrativamente de General Madariaga.
Para entonces, habían pasado cuatro décadas desde aquella asociación. La sociedad formada por Bunge y Guerrero había convertido un territorio de médanos en un proyecto urbano reconocible por sus bosques, sus calles curvas y su relación con el relieve.



