Ostende nació como una promesa europea frente al mar, pero su historia inicial no se explica solo con planos, fundadores y arena. También se cuenta a través de sus primeras casas, de una capilla perdida y de una comunidad que intentó afirmarse antes del abandono.
El origen se asentó en 1908, cuando Fernando Robette y Agustín Poli compraron tierras para crear una ciudad balnearia sofisticada. La fundación formal se realizó el 6 de abril de 1913, en un proyecto inspirado en la ciudad belga homónima.
El emprendimiento no fue una fantasía sin obra. En sus primeros años se levantaron el muelle, el Hotel Termas, la Rambla Sur y distintas construcciones domésticas y religiosas. Ese núcleo inicial mostró que Ostende buscaba ser mucho más que un loteo costero.
Un sueño con casas
La Casa Robette concentró el símbolo más fuerte de aquel comienzo. Una tesis de la Universidad Nacional de La Plata la identificó como la vivienda de Fernand Robette, proyectada por el arquitecto Augusto Huguier en 1912.
La casa mostró que el fundador no solo vendía una idea: también habitaba el lugar. Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914, quebró la continuidad del proyecto. Robette volvió a Europa y la construcción quedó ligada al derrumbe del emprendimiento.

Vida social y religiosa
Junto a esa huella apareció Villa Adela, recordada como una de las primeras residencias de veraneo. Su valor fue menos monumental, pero más social: mostró que algunas familias ya empezaban a habitar la localidad.
También formó parte de ese primer ciclo la Casa de Retiros Espirituales de los Monjes Carmelitas. Ese dato amplía la imagen del balneario: Ostende no se pensó solo como descanso turístico, sino como un espacio con vida comunitaria.
La capilla sepultada
La historia más humana fue la de la capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Según la reconstrucción de Diario El Tiempo, el genovés Doménico Repetto la construyó y la donó hacia 1917, cerca de las actuales calles Perú y Madero.
Tras la muerte de su esposa, en 1921, y luego la de Repetto, en 1925, la capilla quedó cerrada. La arena, el abandono y los robos la hicieron desaparecer. Hacia la década de 1930, sus últimos rastros físicos se habrían perdido bajo un médano.
Así, el primer Ostende quedó partido entre restos visibles y patrimonio perdido. La Casa Robette, el Viejo Hotel Ostende y la Rambla Sur aún sostienen parte de esa memoria. Lo demás sobrevive como relato: una ciudad soñada, interrumpida por la guerra y vencida por la arena.



