La historia de Ostende nació como una promesa de modernidad frente al mar. A comienzos del siglo XX, esa franja costera todavía era un territorio hostil, dominado por médanos móviles, viento y grandes extensiones de arena. En ese escenario, la llegada del tren a Juancho en 1908 abrió una posibilidad nueva: pensar la costa como destino turístico.
En ese contexto aparecieron Ferdinand Robette y Agustín Poli, vinculados al impulso de un emprendimiento inspirado en la Ostende belga, sobre el Mar del Norte. Su idea no fue levantar un hotel aislado. Apuntaron, en cambio, a una ciudad balnearia planificada, con traza moderna, infraestructura y venta de lotes.
La narrativa institucional ubicó el inicio del proyecto en 1908. Sin embargo, un documento judicial posterior señaló que la compra a Manuel Justo Guerrero quedó registrada por escritura en 1913, sobre una fracción de 556 hectáreas, 47 áreas y 54 centiáreas. Así, 1908 marcó el arranque del emprendimiento y 1913 quedó como la fecha documental más firme.

Una ciudad antes de existir
Desde 1909, el proyecto empezó a tomar forma material. Robette dirigió una compañía belga que avanzó sobre los médanos con un plan ambicioso. La iniciativa incluyó la apertura de calles, el movimiento de materiales, la organización de accesos y el inicio de las primeras obras.
La idea urbana fue mucho más amplia que la de un simple poblado costero. El plan describió avenidas, diagonales, plaza, reservas para edificios públicos y estación de ferrocarril. También contempló una avenida central ancha que ordenaba el conjunto. En otras palabras, se diseñó una ciudad antes de que existiera plenamente.
Las obras emblemáticas
Uno de los hitos fue la Rambla Sur, cuya construcción se ubicó en 1912. La obra buscó convertirse en un paseo costero importante, al estilo de los balnearios europeos. No quedó terminada, pero su existencia fue real y aún persiste en los restos de la llamada Rambla de los Belgas.
El otro gran símbolo fue el Hotel Termas, hoy Viejo Hotel Ostende. Su construcción empezó en 1913 y fue inaugurado en diciembre de ese año, con más de 80 habitaciones. Antes, el 6 de abril de 1913, se realizó la inauguración oficial del balneario, acompañada por una fuerte campaña publicitaria.

La geografía impuso sus reglas
Pero el obstáculo central estuvo en el propio territorio. Los médanos no fueron un decorado. La arena tapó vías, accesos y construcciones. Llegar hasta allí ya resultó complejo: tren hasta Juancho, cruce por las dunas y, según algunos relatos, un pequeño tren de vías móviles.
A esa dificultad natural se sumó la Primera Guerra Mundial. El conflicto afectó capitales, redes comerciales y respaldo financiero europeo. El sueño belga quedó atrapado entre esas dos fuerzas: la guerra y los médanos. Por eso, lo que no prosperó fue el plan original de levantar rápidamente una gran ciudad balnearia europea en Sudamérica. El Viejo Hotel Ostende resistió como la huella más concreta de aquel proyecto frustrado.



