¿Qué pasaría si la arena empezara a avanzar sobre una calle, un acceso o incluso una casa? En Bahía Creek, esa escena dejó de pertenecer a la imaginación. En esa villa costera de Río Negro, asentada sobre un sistema de dunas activas, los médanos comenzaron a toparse con viviendas y a alterar la vida cotidiana del poblado.
El caso llama la atención por su fuerza visual, pero también por su trasfondo. El problema no surgió porque “apareció arena” de forma excepcional. Por el contrario, estudios geomorfológicos ya habían medido esa dinámica natural. Un trabajo de Mauricio Toffani y otros autores calculó una tasa de avance anual de 5,71 metros por año en los sectores más cercanos a la población.
A partir de esa proyección, ese estudio elaboró un mapa de peligro geológico que ubicó casi todo el asentamiento actual dentro de una zona de alto peligro. Otro trabajo, publicado en una revista científica argentina sobre morfodinámica dunar, reforzó ese diagnóstico y registró una tasa promedio de avance de 6,02 ± 0,3 metros por año.
Por qué avanza la arena
En términos simples, en Bahía Creek confluyeron varios factores. Por un lado, una condición natural marcada por vientos persistentes, poca lluvia, abundante arena disponible, escasa vegetación y una playa que alimenta el sistema dunar. Por otro, apareció una condición humana: la urbanización se instaló en un espacio geomorfológicamente inestable.

Ese punto resulta clave. El problema no parece explicarse solo por la falta de cuidado posterior. El propio estudio geológico planteó que el asentamiento quedó dentro del área de mayor peligro y que debían discutirse medidas de manejo. Así, la situación combinó naturaleza activa y ocupación urbana en una zona frágil.
Respuestas precarias
Las notas periodísticas recientes coincidieron en que el avance de la arena empezó a afectar casas, calles y accesos. También señalaron que los vecinos improvisaron respuestas por su cuenta. En esas coberturas se mencionaron cercos, barreras de ramas, sistemas artesanales para frenar el médano, además de experiencias de riego y plantación de especies nativas.
Esas fuentes también recogieron reclamos por la falta de apoyo estatal o de asesoramiento técnico sostenido. Con esos elementos, el caso de Bahía Creek puede leerse como la combinación entre un sistema dunar muy móvil y una ocupación humana que no logró ordenar ni amortiguar ese proceso con suficiente anticipación.
Lo que muestra en la costa
Tanto Bahía Cheek como Pinamar -más allá de las diferencias naturales- presentan una condición básica: dependen de sistemas costeros donde los médanos no son un detalle del paisaje, sino parte del equilibrio físico que sostiene la playa.
Por eso, el caso de Bahía Creek no solo despierta curiosidad: también muestra lo que puede ocurrir cuando la arena avanza en un territorio sin un manejo costero adecuado.



