Hablar de Cariló implica hablar de una de las transformaciones ambientales más singulares de la costa atlántica. Donde hoy aparecen pinos altos, calles curvas y sombra permanente, hace poco más de un siglo existían únicamente médanos móviles, viento y arena en constante desplazamiento.
La historia comenzó en 1918, cuando Héctor Manuel Guerrero decidió fijar los médanos de su estancia Charles. Para eso instaló un vivero y empezó a plantar especies traídas de distintas regiones del mundo. Así nació el bosque que luego dio origen a Cariló, palabra mapuche traducida como “médano verde”.
El desafío era enorme. La fracción de Dos Montes tenía alrededor de 1.700 hectáreas de médanos agrestes. Además, el viento modificaba permanentemente el terreno. Sin embargo, las plantaciones avanzaron con carros tirados por ocho caballos y llegaron a incorporar entre 400.000 y 500.000 árboles por año.

Domar la arena
La forestación no consistió solamente en plantar árboles. Primero hubo que estabilizar la arena. Para eso se utilizaron quinchos hechos con ramas de sauce y álamo. Esas estructuras permitían formar médanos con la altura buscada y reducir el impacto del viento.
Después comenzaron las pruebas con distintas especies. Se incorporaron pinos, acacias, eucaliptos y cipreses, además de ejemplares provenientes de otras partes del mundo. El avance se realizó desde la zona continental hacia el mar. Finalmente, en 1936, la forestación llegó hasta la orilla costera.
El proyecto enfrentó múltiples dificultades. Hubo temporales, hormigas, liebres, escasez de caminos y problemas de transporte. También existía poco conocimiento sobre forestación en arena. Aun así, el bosque logró consolidarse con el paso de las décadas.

Una ciudad dentro del bosque
En 1941, Guerrero contrató al arquitecto Santiago Sánchez Elía para diseñar un loteo residencial integrado al paisaje. La idea fue mantener lotes amplios, baja densidad y calles adaptadas al terreno natural.
El loteo comenzó en 1960 y luego aparecieron las primeras construcciones. Con el tiempo, Cariló consolidó una identidad urbana distinta a la de otros balnearios. Las calles permanecieron sin pavimento y sus nombres quedaron vinculados con aves y elementos de la naturaleza.
En 1970 se cerraron los viveros. Para entonces, la fijación y forestación de la propiedad privada ya estaban completas.

El valor ambiental
Décadas después, el paisaje obtuvo protección legal. En 1998, la Provincia sancionó la Ley 12.099, que declaró de interés provincial el paisaje protegido y el desarrollo ecoturístico de Parque Cariló.
La normativa buscó conservar la integridad fitogeográfica, geomorfológica y urbanística del lugar. Más adelante, la Ordenanza 3361/06 reforzó principios locales vinculados con la preservación ambiental. Entre ellos aparecieron la protección de espacios verdes, las calles de arena-tierra, el mínimo tránsito vehicular y la restricción de contaminación visual, sonora y lumínica.

Así, el “médano verde” dejó de ser solamente una forestación pionera. Con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los paisajes más reconocidos y protegidos de la costa argentina.



