El debate por Pinamar 2050 abrió una discusión central sobre el crecimiento urbano: hasta dónde puede sostenerse el abastecimiento de agua dulce. En ese punto, muchas críticas pusieron el foco en el acuífero local y en la hipótesis de una población permanente de 600 mil habitantes.
Pinamar depende casi por completo de un acuífero costero de arena, alojado en el Cordón Costero. No se trata de un lago subterráneo ni de una cavidad llena de agua. Es una masa de arenas porosas donde el agua ocupa los espacios entre los granos y se recarga, de manera natural, a partir de la lluvia.
Ese sistema se desarrolla en una franja arenosa angosta y alargada, paralela al mar. Su equilibrio depende de varios factores: cuánta agua infiltra, cuánta se extrae y cuánto avanza, o no, el agua salada desde el océano. Por eso, el límite no pasa solo por el volumen almacenado.
Cómo funciona bajo la arena
El acuífero no tiene una forma uniforme. Está compuesto por arenas finas, capas más arcillosas que frenan parcialmente el flujo y otros niveles arenosos más profundos. En términos prácticos, se reconocen tres niveles explotables dentro de un sistema conectado.

En el sector sur del cordón costero, donde se ubica Pinamar, el espesor útil llega al menos a 45 metros. El nivel freático puede ubicarse a más de 6 metros bajo boca de pozo. Esa estructura permite amortiguar parte de la demanda, aunque no elimina los riesgos propios de un sistema costero.
La recarga no es infinita
La recarga se produce por infiltración del excedente de lluvia. La precipitación media anual ronda entre 900 y 1000 milímetros, pero no toda esa agua llega al acuífero. Una parte se evapora, otra la consume la vegetación y otra se pierde por drenaje o escurrimiento.
Con los datos relevados, la recarga potencial orientativa para el partido se ubicó entre 17,3 y 31,1 hm³ por año. Sin embargo, ese rango no equivale a agua disponible sin consecuencias. También deben considerarse la impermeabilización urbana, la forestación, los drenajes y la necesidad de conservar gradientes que eviten el avance del agua salada.
El riesgo del frente costero
Uno de los puntos más sensibles es la intrusión salina. Si se bombea demasiado o muy cerca del mar, aumenta el riesgo de mezcla entre agua dulce y agua marina. En un pozo de monitoreo profundo de Av. Bunge y Playa, los estudios detectaron variaciones asociadas a las mareas, con respuestas rápidas y aumento de salinidad en profundidad.

A eso se suman problemas de calidad. La bibliografía menciona presencia de hierro y manganeso, y también vincula los nitratos con el sistema histórico de efluentes cloacales y las lagunas de oxidación.
Qué discusión deja el 2050
Si se toma un consumo de 200 litros por habitante por día, una población permanente de 600 mil habitantes demandaría alrededor de 43,8 hm³ por año solo para uso domiciliario. Con riego y otros consumos, la cifra subiría a 65,7 hm³ anuales, por encima de la recarga potencial estimada.
Por eso, con la información pública relevada, un escenario de 600 mil habitantes permanentes no aparece respaldado por la capacidad anual estimada del acuífero. El punto, en todo caso, no es solo si hay agua, sino cuánta se recarga, cuánta se extrae, dónde se bombea, cuánto se contamina y qué infraestructura acompaña ese crecimiento.



