La historia de los edificios en altura en Pinamar tuvo un punto de quiebre en los años 70. En ese momento, distintos desarrolladores impulsaron torres sobre el frente marítimo. La propuesta chocó con el diseño original pensado por Jorge Bunge, que había proyectado una ciudad jardín integrada al bosque, al mar y a los médanos.
Ese modelo había quedado plasmado en el Plan Director de 1944. El esquema fijó calles curvas, abundante forestación, sectores diferenciados y construcciones de baja escala. La intención fue clara desde el inicio: preservar el relieve natural y evitar un crecimiento que alterara la identidad del balneario.
Tras la muerte de Jorge Bunge, en 1963, la conducción de Pinamar S.A. quedó en manos de su hija única, Cecilia Bunge de Shaw. Desde ese lugar, asumió la continuidad del legado urbanístico. Durante décadas, sostuvo una idea de crecimiento con equilibrio entre desarrollo, paisaje y calidad de vida.

La disputa por la costa
A comienzos de los años 70, esa visión entró en tensión con una nueva ola constructiva. Algunos inversores buscaron habilitar edificios de gran altura sobre la línea costera. El objetivo fue capitalizar la valorización de esa franja, pero la iniciativa se enfrentó con la fisonomía baja que había distinguido a Pinamar desde sus orígenes.
En esa pulseada política y social, Cecilia Bunge encabezó la resistencia. Defendió el criterio histórico de edificaciones de hasta dos pisos. Su postura buscó impedir que las torres rompieran el horizonte costero y modificaran la relación entre bosque, médano y mar.

El límite que quedó
Finalmente, el Concejo Municipal aprobó un máximo de cuatro pisos para las nuevas construcciones en la costa. No fue el tope que pretendía Cecilia Bunge, pero sí implicó un freno a los proyectos de mayor escala. La resolución descartó las torres y sostuvo un perfil urbano más moderado.
Una marca de identidad
Esa decisión quedó como uno de los hitos del desarrollo local. La batalla contra la construcción en altura expresó una defensa concreta de la identidad urbanística de Pinamar. Aunque el límite subió de dos a cuatro pisos, la esencia se mantuvo: no avanzar con torres que rompieran el paisaje costero.



